Política

Argentina. El campo cuestionó a la dirigencia política y marcó la prioridad: «Que en ninguna mesa falte la comida»

7 de julio

Es miércoles por la mañana y el Parque Lezama huele a tierra y alimentos sanos. La Mesa Agroalimentaria Argentina prepara la salida de una caravana hacia el Congreso para presentar el «Programa agrario para el alimento», nueve puntos que contienen cuatro proyectos de ley y cinco propuestas de financiamiento, promoción de la agroecología y abastecimiento de alimentos. “Estos nueve puntos no son nuevos. Es lo que planteamos hace años, pero seguimos con una dirigencia política que le cuesta entender cuál es el camino para la soberanía alimentaria”, dirán en el cierre frente a las puertas del Congreso.

La caravana la lideran dos gauchos y dos tractores con las banderas de la Mesa Agroalimentaria Argentina —conformada por el Movimiento Nacional Campesino Indígena-Somos Tierra (MNCI-ST), la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT), la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), la Federación de Organizaciones Nucleadas de la Agricultura Familiar (Fonaf) y Bases Federadas—, secundados por dos camiones cargados de verduras frescas y flores que perfuman el ambiente.

Mientras los cientos de productores de la tierra presentes en el Parque Lezama se acomodan para colmar la calle Brasil y comenzar a andar, un grupo de productoras termina de transformar en carroza de la soberanía alimentaria el auto de la Secretaría de Género de la UTT. Llevan puestas remeras que dicen: “Ni una menos, ni una más sin acceso a la tierra”.

Olga Olguín, productora en transición agroecológica de la localidad bonaerense de Mercedes, también lleva mensajes. Carga un cartel que dice “El alimento es un derecho. No es mercancía”, una de las consignas centrales de la caravana, pero también una remera de la UTT con una ilustración de una de las icónicas fotos de la represión al verdurazo en Constitución en 2019, que reclama: “Otro modelo es posible”. “La lucha es por la Ley de Acceso a la Tierra, por una vida digna, por alimentos sanos, siempre apostando a la agroecología”, asegura Olga.

La productora resalta que no es la primera vez que están en las calles reclamando acceso a la tierra: “Esto viene desde hace años, esta ley siempre estuvo en el Congreso para nunca fue aprobada. Es importante para que los compañeros puedan trabajar en tierra propia. La mayoría alquila, los alquileres son cada vez más caros. Están caras las semillas, es difícil, pero no imposible producir alimentos para el pueblo”, reclama.

La masiva caravana de la Mesa Agroalimentaria marca también el crecimiento de la organización que cumplió tan sólo dos años desde su lanzamiento en junio de 2021. “La Mesa la decidimos conformar con el otro campo, no somos el campo especulativo, el del agronegocio, sino el que piensa en el alimento. Buscamos llevar en conjunto y con otras voces una propuesta superadora. Hoy estamos poniendo arriba de la mesa las necesidades de los pequeños productores y productoras de nuestro país que llevamos más del 60 por ciento de los alimentos a las mesas”, resume Lucas Tedesco, de la UTT, con las verduras ya en movimiento.

“Este Gobierno desde que inició nos prometió muchas cosas, nos recibió el Presidente y no se avanzó nada. Seguimos luchando por la Ley de Acceso a la Tierra, por la promoción de la agroecología, por una Ley de Arrendamiento, por apoyo a las cooperativas de todos el país que tienen más de cien años y no cuentan con una política pública que las acompañe”, marca Tedesco pero con la mirada del camino recorrido desde aquel Foro Agrario de 2019 como punto de partida para la conformación de la Mesa que les permite plantarse frente a un modelo en el que “la tierra está cada vez más extranjerizada, los insumos dolarizados, todo se exporta y detrás hay grandes empresas que manejan a los gobiernos”.

Caravana de promesas en la Secretaría de Agricultura
La columna avanza apretada por Paseo Colón entre las bocinas y el Metrobus. Nadie pisa los canteros raleados, ganados por los yuyos —esos que el modelo del agronegocio llama “malezas”—, nadie los pisa y bromean si alguien busca avanzar posiciones usándolos como atajo: “Che, cuidado con la biodiversidad”, bromean. La caravana llega sobre Paseo Colón al histórico edificio del Ministerio de Agricultura, desde agosto del año pasado devenido en secretaría del Ministerio de Economía. También en ese edificio funciona el Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (Inafci), creado por decreto en noviembre del año pasado para absorber las tareas de la ex subsecretaría de Agricultura Familiar, aunque bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete.

Las nueve propuestas del Programa Agrario para el Alimento ingresaron al edificio. El secretario de Agricultura, Juan José Bahillo, se sentó con una delegación de la Mesa Agroalimentaria para volver a escuchar las respuestas que los pequeños productores tienen para el acceso a la tierra, producir alimentos sanos y frenar la concentración del agronegocio. El secretario se comprometió a ejecutar los 5.000 millones de pesos prometidos en líneas de fondos rotatorios para asistir a los productores, una promesa hecha en enero para asistir en la crítica situación que provocó la histórica sequía.

En aquellas reuniones de enero, la Mesa Agroalimentaria se sentó frente al ahora precandidato presidencial Sergio Massa —reunión que podría repetirse en las próximas semanas con el programa sobre la mesa— y la Mesa de Enlace. El encuentro con Bahillo ratificó que no hay una sola voz en el campo. El titular del Inafci, Miguel Gómez, no participó de la reunión.

La caravana dobla por el monumento del “Canto al trabajo” para seguir rumbo al Congreso por avenida Independencia. Sigue movilizándose los gauchos, los productores del cordón hortícola del Conurbano, los camiones cargados de alimentos, los tractores, el campo que produce más del 60 por ciento de los alimentos que circulan en el mercado interno con sólo el 13 por ciento de la tierra en sus manos.

Sebastián Campo, de Bases Federadas, salió del encuentro con Bahillo y camina junto a los productores hortícolas y se siente representado como trabajador de la tierra. Trabaja 300 hectáreas en Pergamino, parte de su familia y parte arrendada. Campo asegura que allí en la zona núcleo del agro la sequía provocó una nueva oleada de concentración de la tierra, que pequeños productores y chacareros dejaron los campos sin recursos económicos ni financiamiento para sostener los alquileres ni los insumos que continuaron aumentando al ritmo del dólar.

Detrás de esos productores que no pudieron renovar el arrendamiento para seguir trabajando el campo llegaron los Grobocopatel, empresas como Aceitera General Deheza, pooles de siembra y empresas de insumos que también invierten en cultivos. Las expectativas de la Bolsa de Cereales de Rosario, por ejemplo, es que la próxima campaña vuelva a ser récord, si la sequía queda atrás, pero ¿quiénes cosecharán esos cereales? Entre las propuestas del programa también está la Ley de Arrendamiento para que vuelvan a ser los pequeños productores cooperativos que en esta campaña fueron expulsados.

“Hay miles de pequeños y medianos productores extensivos de trigo, sorgo, maíz y soja que hoy no tienen representación gremial real, porque por un lado está el gremio de las semilleras y la Mesa de Enlace, que representa a los grandes grupos concentrados del país”, destaca Campo sobre la incorporación de los chacareros a la Mesa Agroalimentaria y celebra poder “poner un programa agrario arriba de la mesa para que se discuta el agro que está invisibilizado”.

De los nueve puntos del programa el de las retenciones es el que atraviesa el debate de los chacareros, de los pequeños productores extensivos, y Campo destaca el proyecto de segmentación presentado por la Mesa Agroalimentaria. “Las retenciones son una herramienta que tiene el Gobierno para equilibrar un sistema concentrado. Siempre se nos quiere hacer creer que no es posible, pero retenciones cero tuvimos durante los años noventa y desaparecieron 100 mil productores”, sentencia.

De la 9 de Julio a Jujuy, un reclamo federal por la tierra y el agua
Dos tractores de las bases productivas de la UTT siguen liderando la marcha que ahora avanza por la 9 de Julio y pasa frente al edificio del Ministerio de Desarrollo Social, donde hace pocas horas los movimientos piqueteros levantaron un nuevo acampe para reclamar trabajo y alimento. “¿Quiénes somos?”, pregunta al aire y micrófono en mano Zulma Molloja, de la UTT y productora hortícola de La Plata. “¡Trabajadores de la tierra!”, es la respuesta de los centenares que marchan detrás de la bandera que ocupa toda la avenida e insiste: “Programa agrario para el alimento”.

—¿Y qué queremos?

—¡Tierra y cambio social!—, continúa el diálogo público entre Zulma y sus compañeros.

Las charlas se mezclan camino a Avenida de Mayo. Algunos hablan de las herramientas que se prestaron para trabajar la tierra, una madre juega con su hija sentada entre las flores, la alfalfa y las verduras que lleva otro de los camiones que avanza lento al paso de la marcha. Sobre las veredas, los vecinos y vecinas, los comerciantes y habitués de cafés ya reconocen la bandera de la UTT y se preguntan dónde harán el verdurazo, dónde repartirán el alimento que sigue su marcha.

La movilización ocupa el ancho de Avenida de Mayo y hay que arrear a los que buscan estar más cómodos en las veredas para hacer el ingreso al destino final de la caravana: el Congreso, ahí donde la Ley de Acceso a la Tierra se presentó dos veces en los últimos cuatro años sin ser tratada. En el edificio del Poder Legislativo donde, en septiembre pasado, la Mesa Agroalimentaria amplió a cinco los proyectos presentados —que son parte de los nueve puntos del programa— y que tampoco consiguieron tratamiento.

“Durante este gobierno nacional, por el que apostamos para que se generen políticas públicas para el sector de la agricultura familiar y campesina, se hizo muy poco en términos de financiamiento, promoción de la agroecología y acceso a la tierra efectivo. Por eso seguimos con medidas de lucha para mostrarle al Gobierno y a la sociedad que seguimos sin tener políticas concretas. Las políticas públicas no cambiaron, pero sí nuestra conciencia colectiva como Mesa Agroalimentaria para reclamar como sujeto productivo”, denuncia Marisol Troya, que camina con sus compañeros llevando la bandera del MNCI-Somos Tierra.

Troya, como parte de los equipos que acompañaron a Nahuel Levaggi en su paso por la gestión del Mercado Central, sabe de qué se habla cuando se repasan las propuestas del programa sobre la creación de una empresa nacional de alimentos y el impulso a los mercados de cercanía: “Por un lado, los mercados de cercanía como abastecimiento de alimentos producidos localmente en un modelo de soberanía alimentaria. Por otro lado, para los mercados concentradores como el Mercado Central, donde pasa el 20 por ciento de los frescos que se consumen en el país, proponemos una empresa pública que planifique la producción de alimentos básicos con base en los pequeños y medianos productores, lo que permitiría establecer los precios en el tiempo para detener la inflación”.

Las otras banderas que encabezan la marcha y también representan la voz de Marisol son las whipalas de los pueblos originarios. La voz de la integrante del MNCI-Somos Tierra es también la de la Red Puna y Quebrada, que reúne a 40 comunidades originarias, productoras de alimentos, que por estos momentos sostienen los bloqueos y protestas contra la reforma constitucional de Gerardo Morales.

La reforma inconsulta abre paso para proyectos extractivos del litio en la Quebrada y a la producción extensiva de cannabis en la Puna. “Todo proyecto extractivo disputa la tierra y el agua, que es un recurso escaso en la zona, y es más peligroso aún para las comunidades que aún no tienen sus títulos comunitarios, a pesar de que los pidieron hace años”, advierte Troya. Allí, donde la reforma habilita el avance del extractivismo, las comunidades plantean otros modelos de desarrollo, de producción de alimentos: verduras de hoja, fruta, variedades de papa, maíz andino, harinas agroecológicas, miel y chacinados de llama. “Siempre la disputa por los recursos y la tierra afecta nuestra producción de forma directa”, dice y refuerza el sentido de uno de los nueve puntos del programa: Ley de Protección de Territorios de Familias Campesinas e Indígenas.

Alerta que camina
El Congreso está a menos de cien metros y la camioneta que cargó el equipo de sonido desde Parque Lezama tiembla. “Para que vean quién es el verdadero campo. Estamos acá para que se visibilice quién es el verdadero campo», azuza Zulma, vocera y animadora de la movilización. El micrófono lo va rotando con Levaggi: “Tenemos el compromiso social para garantizar el alimento básico para todas y todos. ¡Arriba esa verdura! ¡Arriba esa fruta! ¡Arriba esas manos callosas del campo que trabaja! Nuestro programa es para que en ninguna mesa argentina falte la comida, para que haya acceso a la tierra para los que la trabajan!”, arenga el referente de la UTT en los últimos metros.

Los tractores se estacionan frente a las rejas del Congreso. Flamean banderas de la Mesa Agroalimentaria sobre los guardabarros. Cynthia Flores, suelta el volante, apaga el motor y se baja de la máquina. “Venimos acá por la lucha, por el acceso a la tierra”, resume en pocas palabras la joven productora de la localidad de Etcheverry, en el cordón hortícola platense. Las banderas de las quintas y colonias agroecológicas de Cañuelas, San Vicente, Luján, Mercedes y Florencia Varela, entre otras, hacen un círculo alrededor de los referentes y voceros de las organizaciones antes de las últimas palabras con el Congreso de espaldas.

Toman la palabra Diego Montón (MNCI-Somos Tierra), Ricardo Sirotiuk (Fonaf), Juan Manuel Rossi (Fecofe) e Isaías Ghio (Fecofe). Repasan las charlas parlamentarias, los cinco proyectos presentados que no lograron avance en el Poder Legislativo. “Necesitamos que la política haga un alto y discuta lo importante, el alimento. Necesitamos más soberanía en este Congreso, donde debería debatirse lo importante. ¡Vamos por los nueve puntos!», resume Rossi y ratifica que el programa será la base de los reclamos de la Mesa Agroalimentaria en los próximos cuatro años.

“La correlación de fuerzas la tenemos que construir. Tiene que venir una señal clara del poder político. Dicen que no hay plata, pero le dieron 600 mil millones al sector exportador con el dólar soja”, dice Pablo Pailole, de Bases Federadas, para marcar lo que pasó y lo que viene en los últimos meses de gestión de Unión por la Patria, la campaña electoral y quién sea que gane las elecciones. “Sabemos que la derecha recalcitrante no es una salida, pero marcamos la cancha para que tengan una real decisión política, no alcanza con palmadas en las espalda. Con un pequeño porcentaje de lo que se le paga al FMI podrían acceder miles y miles de familias a la tierra. El camino a la soberanía alimentaria son estos nueve puntos”, convocó Levaggi.

“¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta que camina, la lucha campesina por América Latina!”, suena como grito de cierre. Sobre la vereda del Congreso las jaulas con verduras que cargaron los camiones desde Parque Lezama quedan a disposición de la gente que pasa por el lugar, como en otros tantos verdurazos. Se llevan cebolla de verdeo, acelga, perejil, repollo, todo lo que produce Cynthia en su quinta de Etcheverry y otros miles de productores de la tierra en todo el país. “Creo que llevando un atado de acelga y la verdura que nosotros producimos, tienen que entender nuestra lucha”, se ilusiona.

Fuente: agenciatierraviva.com.ar

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