Editoriales

Argentina. Algunas notas al borde del abismo

19 de agosto

Un resultado electoral es una fotografía del país. Refleja el clima político en un momento dado. El de ayer fue bastante sorpresivo y dejó muchas cosas para analizar. Comparto algunas pocas, pensando en lo que se viene.

1. Seguramente, la gran mayoría de las personas que votaron a Milei no comparten todos sus postulados: no adhieren al tráfico de órganos, la libre portación de armas, la destrucción de la escuela pública, la negación del cambio climático. Pero vieron en su candidatura un modo de expresar su bronca contra un sistema político que no da respuesta a una crisis que afecta a millones de laburantes en todo el país. Una crisis que no sólo es económica, sino sobre todo política, porque los partidos tradicionales no paran la inflación, ni la pérdida de valor de los salarios ni promueven el aumento de puestos laborales. Tampoco tienen programas que entusiasmen.

Es muy posible que desde la prensa dominante y desde los partidos políticos mayoritarios ahora se estructure un discurso “en defensa de la democracia” y, por lo tanto, en contra de Milei. Habrá que ver cómo impacta esta reacción “democrática” en un electorado libertario que está feliz porque su enojo está en la tapa de los diarios.

También el establishment está preocupado porque desconfía de las capacidades gerenciales de un loco sin estructura partidaria.

2. El destino del país parece estar en manos del FMI. El Fondo puede decidir darle aire a Massa para que pueda mejorar sus chances de cada octubre o puede asfixiarlo para servir en bandeja el ballotage a Milei y Bullrich. ¿Es, finalmente, un triunfo de Macri, que contrajo la deuda? ¿Comparte este logro con Alberto Fernández, que se apuró a legalizarla?

3. El resultado electoral de la izquierda fue muy bajo. El FIT-U -la estructura electoral más consolidada a nivel nacional- no llegó al 3% y las otras fuerzas no alcanzaron el 1%. Una vez más, es necesaria una autocrítica. Dentro del FIT-U, los ganadores de la interna no deberían celebrar un triunfo en un escenario general tan oscuro.

Seguramente, ir con dos listas a las PASO no contribuyó a dar el mensaje de unidad y fortaleza que se necesitaba. Hay que señalar, además, que la campaña del sector del PO-MST fue exageradamente hostil. Lanzó críticas inadecuadas a la lista de Bregman y Del Caño y, ahora, tienen que trabajar todos juntos para ver cómo logran fortalecer un espacio al que le va a costar retener votos en octubre.

Sin dudas, lo fundamental para la izquierda es la participación en las luchas populares que se han dado y que se seguirán dando, gane quien gane (y, sobre todo, si ganan Milei o Bullrich). Pero el resultado electoral señala una aspecto de la realidad que hay que explicar.

4. Grabois cumplió muy bien su rol de contención ideológica. Además de evitar la migración de votos del peronismo de centro izquierda a las fórmulas del FIT-U, sumó votos a Massa para poder componer el paisaje de tres tercios que algunos anticipaban (que en realidad fueron cuatro cuartos, si consideramos que un 31% no concurrió a votar y, entre quienes sí lo hicieron, un 6% votó en blanco o anuló su voto). Ahora, “en defensa de la democracia” pedirá el voto para el ministro de Economía, el “sinvergüenza vendepatria y cagador” al que, según dijo, ni en pedo iba a votar.

La nueva grieta hace que los que hasta hace poco parecía muy malos ya no lo parezcan tanto.

A cuarenta años del reinicio de la democracia, este escenario es una confirmación más del fracaso de un sistema que genera crisis crónicas para mantener un régimen capitalista inevitablemente injusto.

Fuente: Contrahegemonía.

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