Política

Al chiste hetero del puto en Gran Hermano se le responde con orgullo

4 de noviembre

En La semana del Orgullo en el reality de Gran Hermano pasó algo violento. La escena dura menos de 30 segundos y sucede casi en silencio. Un participante duerme mientras otro entra al cuarto para acostarse a su lado. Lo toca y lo besa. Además de acosarlo, el chiste parece ser que quien duerme es puto. Se rien del puto en Gran Hermano.

Se supone que este reality es una especie de espejo de lo que sucede afuera y esa afirmación no está lejos de la realidad. En nuestro país los crímenes de odio gozan de muy buena salud y los varones heterosexuales gustan mucho de la burla al gay. Y si bien existen leyes que legitiman la diversidad en nuestro deseo, la orientación sexual para el macho cisgénero continúa siendo algo cómico.

Reírse del puto es, en los grupos de amigos heterosexuales, el chiste fácil. Y es una muestra clara de poder. “Acá no está permitido nada que no sea varón y mucho menos algo que se parezca a una mujer”. Esa realidad, además de ser binómica, es machista, claro.

Cualquier intento de desacreditar a un amigo por sus gustos sexuales es uno de los pilares del patriarcado. La forma de control más efectiva si hablamos de varones en grupo. Porque encima, si no te reís del chiste, lo más probable es que vos también seas puto y nadie quiere ser puto si el costo es así de alto. Bueno, casi nadie en realidad.

“En un mundo que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una muestra política”, reza una de las frases más repetidas que nos supo dejar el activista Carlos Jáuregui. Y si hablamos de humillación, hablamos también de su antónimo.

¿Pero sabemos realmente lo que significa orgullo como palabra reivindicadora? Para entender qué decimos cuando lo decimos, entrevisté a Marcelo Suntheim, militante histórico y pareja de Cesar Cigliutti, impulsor de la primera Marcha del Orgullo en 1992.

La historia se construye

“Hay dos momentos icónicos respecto a la historia de la marcha en nuestro país: el primero es la elección de la bandera del arcoíris y el segundo cuando la marcha por la libertad gay lésbica y la marcha por la dignidad gay lésbica comienzan a llamarse directamente marcha del orgullo gay, lésbico y, posteriormente trans y otras identidades de género”, sostiene Marcelo.

En nuestro país la primera marcha vino empujada por revueltas en todo el mundo. Pequeños sectores hartos de la discriminación y opresiones diarias explotaron en distintas partes del planeta. El primer cimbronazo fuerte sucedió en 1969 en Stonewall pero se gestó en todos lados.

“En 1967 surge en Argentina el grupo Nuestro Mundo, la primera organización homosexual, que comienza a panfletear y por eso tenemos registros de su existencia. Dos años antes que la revuelta de Stonewall en nuestro país surgen otros grupos y se nuclea al Frente de Liberación Homosexual que comienza su reclamos hablando de ´libertad´. El frente hablaba de liberar lo homosexual y homosexual era una palabra genérica que englobaba y designaba todas las diversidades sexuales en ese contexto histórico”, detalla Suntheim.

Libertad y dignidad fueron durante muchos años las palabras que representaban al movimiento gay. “No queda muy claro cuál es el lugar y en qué momento precisamente se acuñó la palabra orgullo para designar una marcha, no hay un registro claro sobre eso. Hay disputas de lugares y grupos que la utilizaron en la década de los 80 y así reemplazó las palabras dignidad y libertad muy repetidas por la comunidad lgtbiq en todo el mundo”, sostiene Marcelo.

Lo personal y lo político
Es la historia que da muestra de que la organización hace a la fuerza y que los derechos se adquieren en soledad pero se conquistan en compañía. A la hora de hablar de leyes como el matrimonio igualitario o la ley de identidad de género hubo que escaparse de lo individual y estacionar en lo colectivo.

“Hay que aclarar que la palabra orgullo requirió mucho debate dentro de la comunidad porque hay dos maneras de entenderlo: una es la comprensión del orgullo individual, o sea, sentirse orgullosa, orgulloso, orgullose de lo que uno es y por lo que uno tuvo que pelear para poder ser a lo largo de toda su historia. Ese orgullo nace desde adentro y es del que mucho se habla en el consultorio psicoanalítico”, explica y agrega: “Otra forma de entender qué es el orgullo es desde lo colectivo, el orgullo por el orgullo en tanto grupo social que debió construirse para salir de la marginalidad”.

La primera marcha sucedió el 28 de junio de 1992 y si bien se llamó Marcha del Orgullo, para darle este nombre hubo un enorme debate al rededor de esta palabra. “La palabra libertad y dignidad eran palabras que no decían demasiado. No revelaban la orientación sexual, digamos. Porque en definitiva reclamar libertad o dignidad lo puede hacer cualquier grupo social, pero la palabra orgullo era otra cosa porque nadie la utilizaba y, además, porque era algo que teníamos prohibido, lo que la sociedad quería era lo contrario: la vergüenza”, explica Marcelo.

Las palabras cargan y dan sentido. Y la elección del “orgullo” como insignia consiguió representar lo que buscaba. “Realizar la primera Marcha del Orgullo implicaba acuñar una palabra que sería muy propia de la comunidad lgtbiq y ésta discusión fue importante en la Argentina. La terminaron resolviendo dos grandes activistas históricos Carlos Jauregui y César Cigliutti que desde el inicio fueron compañeros y hermanas de lucha, tal como se definían ellas”, recuerda.

Dar la cara y poner el cuerpo

Carlos Jáuregui fue el primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y quien encabezó la primera Marcha del Orgullo Gay Lésbico en Buenos Aires. Pero además de eso, fue la primera persona en nuestro país en dar su nombre y su apellido y contar públicamente que era homosexual.

Y si bien hoy en grupos de Whatsapp de todo el mundo la homosexualidad es sinónimo de chiste y razón suficiente para no respetar a la otredad, en la Argentina de los 90 era aún más hostil. Nadie había hecho lo que Jáureguí hasta ese momento. Muchas de las 300 personas que marcharon ese 28 de junio llevaban máscaras o bolsas de papel para taparse la cara. Decir en los medios de comunicación nombre y apellido fue de los actos más contundentes de este referente que falleció cuatro años después.

Y de eso se trataba esta palabra. El orgullo como forma de ponerle el cuerpo, hacer carne, caras, multitud, la defensa de los derechos humanos. “Había que hablar de orgullo para identificar nuestra lucha, porque requería de una construcción de visibilidad. Todas las marchas tienen un sentido principal que es construir la visibilidad del movimiento gay lésbico trans. Es decir, que la sociedad nos vea felices bailando en la calle orgullosas, orgullosos y orgulloses de quienes somos a pesar de toda la vergüenza que culturalmente nos han impuesto y nos han pretendido imponer también”.

Este sábado 5 de noviembre las calles de nuestro país se van a llenar de locas, tortas y monstruitos queers alegres por ser quienes son en un mundo que, en el mejor de los casos, se ríe del deseo ajeno y se cree muy pillo por eso.

Fuente: Filo News.

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